Medicina Interna

Información sobre la especialidad de Medicina Interna

Francisco Medrano González
Ultima actualización 19/04/2013.
E. Casariego-Vales, A. Zapatero-Gaviria, F.J. Elola-Somoza, en nombre del Comité de Estándares de Unidades de Medicina Interna. La Medicina Interna del siglo xxi: estándares de organización y funcionamiento. Rev Clin Esp 2017;217:526-33 – Vol. 217 Núm.9 DOI: 10.1016/j.rce.2017.06.003

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Rev Clin Esp 2011; 211 (5): 223-232

– Estudio socioprofesional de la Medicina Interna en España. 2010.

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– Plan Estratégico de desarrollo de la especialidad de Medicina Interna de la Sociedad Andaluza de Medicina Interna 
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Internista. El médico especialista en la persona enferma
Sociedad Española de Medicina Interna. Documento para pacientes y familiares.

Definición y campo de acción de la especialidad de Medicina Interna.
Programa Formativo de la Especialidad de Medicina Interna. Ministerio de Sanidad y Consumo. BOE, 2007.

El médico especialista en la persona enferma.
Angel Sánchez y Pedro Conthe. Sociedad Española de Medicina Interna. Sin fecha.

Los internistas ante la asistencia hospitalaria del paciente anciano.
Angel Sánchez. Sociedad Española de Medicina Interna. 13 de noviembre de 2003

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El médico especialista en la persona enferma
Angel Sánchez y Pedro Conthe.
Sociedad Española de Medicina Interna

El crecimiento imparable de la información  científica disponible ha propiciado la aparición de nuevas áreas de conocimiento que pueden parecer inabordables para un generalista.  Sin embargo, las enfermedades ocurren en personas y siempre es y será necesario integrar  todos los problemas clínicos de un paciente, con una visión  humana, sensata y globalizadora.

El enfermo que hoy atendemos en los hospitales  es cada vez  más frágil, añoso y ciertamente  más pluripatológico. No por ello requiere menos cuidados, o de peor calidad. Por el contrario, el paciente mayor, hospitalizado, precisa  una atención  de profesionales con profunda formación clínica, gran experiencia y suficiente dedicación a sus pacientes, que ha de ir más allá de la aplicación de las técnicas diagnósticas o terapéuticas más modernas. El internista actualmente atiende a la mayor parte de los pacientes ancianos con enfermedades prevalentes en el ámbito hospitalario. Basta analizar los registros puestos en marcha por la Sociedad Española de Medicina Interna (SEMI), para constatar que la edad media de los pacientes con Insuficiencia Cardiaca, Enfermedad Tromboembólica, complicaciones de la Diabetes Mellitus tipo 2…etc,  está por encima de la séptima década de la vida.

El Programa de la Especialidad en Medicina  Interna (desde el año 1984 requiere 5 años de formación hospitalaria),  al igual que  la propia del Médico de Familia  (3 años de formación mixta, fuera y dentro del Hospital) seguirá incluyendo todos los aspectos propios de la patología asociada y derivada del  envejecimiento. Este paciente mayor , incluso en la octava y novena década de  la vida, es actualmente nuestro enfermo más  habitual en las plantas de Medicina Interna. Es evidente que en los últimos años de vida es donde se concentra la mayor morbilidad y podrán ocurrir sucesivos ingresos hospitalarios. Los esfuerzos de todos los médicos clínicos, además de atender el proceso asistencial concreto, debe contemplar  la valoración  funcional , cognitiva y la situación basal de  las personas mayores con enfermedad aguda,  puesto que  ello va a condicionar en gran medida la actitud diagnóstica y el plan terapéutico posterior.

La comorbilidad (o concomitancia de patologías) es actualmente  más la regla que la excepción y así lo demuestran nuestros registros hospitalarios. En una serie de más 2100 enfermos hospitalizados en nuestro país con Insuficiencia Cardiaca la gran mayoría mostraron concomitancia de enfermedades respiratorias (38 %,), diabetes, (30%) , alteraciones renales (12%)..etc.  Nadie debe empeñarse pues en ver a los pacientes como conjuntos compartimentados de problemas de Salud, que pueden ser tratados por distintos especialistas. Tan importante es llegar a un diagnóstico acertado, como saber que le aporta dicho diagnóstico a esta persona  individual y por supuesto, las posibilidades reales de implantación de una terapeútica actual.  Este sentido integrador de las enfermedades, su diferente expresión y manejo en cada  paciente concreto es lo que debe hacer considerar al internista  el principal conductor de procesos diagnósticos y terapeúticos en el ámbito hospitalario. Sin duda, en muchas ocasiones el internista deberá solicitar la valoración o las técnicas y cuidados de otros especialistas que puedan  aportar algún beneficio para el paciente en un mejor diagnóstico, pronóstico o tratamiento. Esta coordinación requiere ciertas dosis de humildad, sensatez  y de capacidad de comunicación con sus colegas. El médico internista en cierta medida adopta el papel del Médico de Familia en el paciente hospitalizado, cuando posiblemente más necesita éste un médico referente o guía  a través del complejo sistema sanitario. La posición del internista resulta además privilegiada para  lograr una mejor conexión con Atención Primaria y facilitar el acceso a los Servicios del Hospital, ya que ambos profesionales comparten una visión integrada del paciente.

Los problemas de Salud son en cierta medida cambiantes y aparecen  nuevas enfermedades (SIDA y  su variada patología asociada, SRAP, drogodependencias..etc) o aumenta la  incidencia de enfermedades ya conocidas (insuficiencia cardiaca, enfermedad tromboembólica, diabetes mellitus tipo 2,…etc), que requieren una respuesta del sistema asistencial. La  polivalencia de los recursos sanitarios propios de la Medicina Interna y su capacidad de adaptación a nuevos retos sanitarios y a las variaciones estacionales de la demanda asistencial, deben ser consideradas  claves del sistema de Salud. Frente a la proliferación de todo tipo de Unidades independientes o de “nuevas especialidades”, la Medicina Interna  preconiza  nuevas formas asistenciales, tales como la Hospitalización a domicilio, Unidades de corta estancia, Consultas de alta resolución en interconsultoría con Primaria, Unidades de Cuidados Paliativos,.etc. En todas ellas, los internistas han tenido un papel pionero,  posibilitando la capacitación específica en determinadas Areas de Conocimiento, cuando ello ha sido necesario en cada entorno sanitario concreto y pueda demostrar su eficiencia.

El profesional de la Medicina también evoluciona, cambia en sus afinidades y campos de interés preferente, y esto puede ser bueno para el médico y para el sistema. Es muy importante contemplar la permeabilidad hacia las áreas de capacitación  que la sociedad demanda, desde una formación troncal. A lo largo de su vida profesional un clínico podrá profundizar en distintos conocimientos y  habilidades, con la acreditación necesaria que se determine. Es perfectamente posible que un mismo profesional pueda abordar a lo largo de su carrera  más de un área de conocimiento, a nivel experto. Pongamos como ejemplo el área de Urgencias. Esta actividad presenta inequívocamente un carácter multidisciplinario. Debe poderse acceder al área de capacitación “Medicina de Urgencias”, desde la Medicina Interna , pero también desde la Medicina Intensiva o desde la Medicina de Familia. Ahora bien, no tendría sentido reconocer este nivel de “experto”, sin una formación troncal. Un experto en urgencias,  podría también, debido a su sólida y definida formación troncal, estar abierto a otras áreas asistenciales (consultas, planta, áreas monográficas..etc. ), en algún momento de su actividad profesional, si así lo desea.

Actualmente existe la posibilidad (y el riesgo) de volver a caer en el error de fomentar un desarrollo no armónico de nuevas especialidades independientes, que además de no ser reconocidas en la mayoría de los países europeos (en general en Europa no se admiten más de 16 especialidades troncales y en España tenemos más de 40)  pueden dar una mayor rigidez al sistema y un alto grado de frustración en estos “nuevos especialistas” a los que les costaría mantener su recortado campo de actuación.   Los políticos y gestores sanitarios  no deben presentar, como logros sanitarios, el reconocimiento de nuevas especialidades no troncales,  que no van a flexibilizar ni hacer más eficiente el sistema. La tendencia actual  de una gestión sanitaria moderna prefiere al experto polivalente antes que al especialista monográfico,  entendiendo que la excesiva especialización también conlleva un menor conocimiento de la integración de las patologías de paciente. Con una sólida formación troncal “internística” se puede posteriormente adquirir una capacidad y reconocimiento de experto acreditado  en un campo de actuación, sin perder la polivalencia propia del internista. Es por ello que la Medicina Interna apuesta por el desarrollo de las Areas de Capacitación Específica (en Infectología, Urgencias y Emergencias, Cuidados Paliativos, Enfermedades Sistémicas, Riesgo Cardiovascular y otras Areas de la Medicina) como nueva fórmula de futuro, propuesta en la recientemente aprobada LOPS (Ley de Ordenación de las Profesiones Sanitarias)  y acorde por cierto  con las titulaciones vigentes en los países de nuestro entorno. La formación troncal es la clave para evitar una visión parcelar y compartimentada de la enfermedad y generar una sucesión de cuidados “especializados”, con  multiplicidad de pruebas y consultas. La  atención atomizada del mismo paciente en múltiples consultas, además de ser  sensiblemente más cara es menos eficiente y satisfactoria para los pacientes.

La Medicina Interna es una especialidad de larga tradición, centenaria en Europa y con una amplia trayectoria en nuestro país, constituida en Sociedad Científica hace más de 50 años. Más de 5000 internistas  a lo largo y ancho del país y 1230 residentes formándose actualmente en la especialidad trabajan diariamente en los hospitales españoles. De su capacidad y cuidados depende la atención de una gran mayoría de pacientes con los procesos más prevalentes en la práctica hospitalaria, y también de aquellos con un diagnóstico más difícil y con una situación más frágil. En el siglo XXI  y más que nunca seguirá siendo necesario un médico hospitalario que integre todos los problemas de salud de la persona gravemente enferma y le pueda servir de guía y referente en  el complejo  sistema sanitario hospitalario.

Los internistas ante la asistencia hospitalaria del paciente anciano.
Angel Sánchez Rodríguez
13 de noviembre de 2003

Los Internistas españoles no queremos  entrar en confrontación con ninguna especialidad ni por supuesto con  la Geriatría y Gerontología respetando los derechos de la misma, pero si que estamos dispuestos a reconocer y reclamar nuestra preparación y calidad profesional en la atención integrada de cualquier paciente, selectivamente pluripatológico  y con edad superior a 65 años. Este es preferentemente nuestro trabajo diario y el campo fundamental de nuestra especialidad que, por tanto, no puede ser sustituida ni desplazada  por otra especialidad con rasgos de afinidad.

El volumen  y la calidad de atención de los paciente ancianos en los hospitales españoles ha recaído siempre en los internistas y ha sido la base de formación de sus residentes tanto en Urgencias como en Hospitalización  y en Asistencia Ambulatoria. El internista es capaz de prestar el tratamiento más adecuado  en cualquiera de los procesos patológicos que pueda padecer el paciente anciano.

Parece fácil  observar y demostrar qué servicios tratan más insuficiencias cardiacas, EPOC con o sin reagudizaciones ACV,  infecciones de cualquier tipo o patología vascular que representa la patología más habitual del paciente  anciano (valórese por ejemplo nuestro Registro Nacional de insuficiencia cardiaca, de enfermedad tromboembólica o nuestros registros hospitalarios básicos).

Los procesos patológicos no son atípicos en el anciano cuando el paciente es historiado y explorado como debe hacerse y el tratamiento está interrelacionado.

Siempre hemos reclamado la asistencia integrada para todo tipo  de paciente y estamos seguros de aportar la calidad, dinamismo y agilidad a la asistencia solicitando, en cada momento, la consulta especializada que entendamos necesaria.

Desde Medicina Interna pretendemos establecer una relación estable y dinámica con Atención Primaria que permita un flujo más rápido y coordinado de todos los problemas que surjan en el paciente y que pueda requerir una codependencia frecuente en el medio hospitalario y extrahospitalario.

La Especialidad de Geriatría y Gerontología está vigente de forma oficial en España desde 1978 con formación postgrado, via MIR, de 4 años. La formación que adquiere el Geriatra es polivalente pero muy distinta a la del internista y su rotación por Medicina Interna queda reducida en su programa a 4 meses y además con carácter opcional.

Entendemos que los Especialistas en Geriatría y Gerontología quieran incorporarse y pretendan conseguir implantar unidades especiales de atención en el 100% de los grandeshospitales pero no con el objeto de prestar mayor calidad clínico-asistencial sino para atender aspectos de dependencia física o funcional del paciente anciano en la vertiente gerontológica.

No son necesarios Servicios de Geriatría en los Hospitales de Agudos ni  sustituir plazas  de otra  especialidad por Geriatras. Las plazas hospitalarias de Geriatría y Gerontología deben prestar fundamentalmente  la  atención gerontológica antes referida como elemento adicional al cuidado integral del paciente mayor de 65 años, pluripatológico, perfectamente atendido en los Servicios de Medicina Interna.

Son las unidades de larga estancia  las que debieran ser  campo del Geriatra  y fuera de los Hospitales de Agudos, aunque mantengan con estos la conexión necesaria.

Desde el punto de vista  ambulatorio  (consulta externa) pueden  facilitar cuidados paliativos adicionales y orientaciones familiares en la línea de acción gerontológica y colaborar con Asistencia Primaria en el apoyo y atención domiciliaria  del paciente anciano y en las residencias de pacientes asistidos.

Por otra parte el Geriatra podría ser un interconsultor sin camas hospitalarias y ser incluido en áreas de Atención Sociosanitaria con personal asociado de otras áreas (Psiquiatría, Nutrición, Enfermería, etc.) necesario para constituir equipos transversales.

Esta es la orientación que se intuye tambien en la  Medicina de la Unión Europea.

Siempre los  Internistas hemos valorado de forma positiva los beneficios científicos y asistenciales que aportan las especialidades médicas pero tambien ponemos de manifiesto la consiguiente pérdida unitaria del paciente enfermo, selectivamente frágil y patológico, que toda  especialidad conlleva.

Estamos perfectamente formados y capacitados para desarrollar de forma integral la atención al paciente anciano y hemos preparado la posible asignación de un Area Específica de Capacitación en Geriatría y Gerontología desde M. Interna para abordar en un periodo relativamente corto el conocimiento tambien de los recursos gerontológicos.

En los países mas desarrollados la  Medicina Interna vuelve a actuar en aras de una visión integral del paciente enfermo desde el punto de vista asistencial, social, ético y probablemente económico, lo que permite que el campo de actuación del  internista  sea potenciado en todas las vertientes.

Siempre estaremos dispuestos a participar en áreas multidiciplinarias pero nunca a renunciar a lo que significa el campo propio de nuestra especialidad.

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